pero lo común nunca se fue.
Estaba en ellas: las mujeres.
En Luz o en Lucero.
En la tía y las tías.
En la abuela o las abuelas.
En la madre y las madres.
Luz clara y cálida.
Lo común es el salvavidas,
mi vida sostenida en manos
que hacen ruido, cantan,
regañan y oran.
Me cuidan. Nos cuidan.
Cuidamos.
Compañía que se impone,
se queda y aguanta.
Persistente.
Luz es fuego y fuerza.
Palmada y límite.
Es la regla que se rompe
y luego llega con el perdón,
la confesión,
la transformación lenta.
Encandila su belleza
como la elegancia de lo cotidiano,
es la finura del detalle,
que es constante y cambiante
como lo finito e infinito.
Se lleva en el corazón,
a todas partes, donde los pasos caminan.
Ella es las enseñanzas,
los cumpleaños,
un incienso luminoso
que guarda la plegaria
y el anhelo.

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