Papá:
Quiero escribirte esta carta desde el camino que ahora recorro. Sin duda, ambos poseemos almas de guerreros que vibran con el sonido del tambor, el galope de los caballos y el filo de la espada. No sé si nos conocimos en otras vidas, pero quisiera imaginar que sí; tal vez fue en las inmensas estepas de Mongolia.
Ahora que me encuentro estudiando nuevamente, quiero agradecerle a la vida por permitirme tenerte en mi mente cada vez que escribo y reescribo la historia. Tengo una tarea pendiente: escribir la memoria de los olvidados y, especialmente, escribir sobre ti para que nadie pueda olvidarte.
Después de terminar esta etapa, planeo dedicarme a escribir. Sin embargo, siento que enfrentar la tecnología, la inteligencia artificial y la mediocridad es cada vez más difícil. Todavía no conozco del todo mi propia voz ni alcanzo a distinguir con claridad mi propio pensamiento. Tal vez deba escuchar con mayor atención los ejemplos de mi madre y ponerlos en práctica. Tal vez la luz se encuentre en la meditación, en el silencio y en las enseñanzas de los maestros.
Ahora voy a comenzar un periodo difícil de soledad y, al pensarlo, recuerdo también la tuya. Quiero pedirte que me des la fuerza y la protección necesarias para afrontar la vida, la escritura, el trabajo y el estudio. Acompáñame cuando dude, protégeme cuando sienta miedo y ayúdame a no abandonar el camino que he elegido.
Te quiero y te extraño mucho. Mientras escribo estas palabras, escucho música de las estepas para sentirte cerca y llevarte siempre en mi corazón.
