Pajarito azul,
reposas en sus manos
con el pecho partido.
Tiemblas como un pichón
caído del nidal.
Respiras con dolor en la oscuridad,
mientras la carne se vuelve raíz
y los huesos, piedra.
Acompañas a un viejo
olvidado por sus hijos;
abrazas su corazón,
camino hacia Caronte,
para que recuerde a esa niña
que lo esperó
frente a la puerta.
