Cuerpo vacío
Sí, soy ese cuerpo muerto en el fango, con la mano suelta reposando sobre mi ombligo; amputado de la vida, con la conciencia que se diluye cuando la sangre se funde con la tierra. Mi mirada, entreabierta y opaca, refleja la luz oscura de la esperanza. Soy ese cuerpo con la camisa rasgada, el cuello tensionado y la herida hecha piedra. Soy ese habitus que carga la historia del poder: la fuerza que aplasta los huesos hasta triturarlos para hallar, en el polvo, fragmentos de diamante, coca, petróleo y oro.
Soy la dignidad podrida que nadie puede enterrar, porque ya no queda quien llore la ausencia. Sobre mí reposan historias de exterminio, explotación y miedo. Soy ese cuerpo que habito con el corazón suspendido y asfixiado. Soy yo, el que se relaciona con el presidente como un número que luego se resta.
Soy ese cuerpo lleno de balas y vacío de humanidad; soy lo que han logrado dominar: la muerte sobre la vida, el silencio y la obediencia. Soy ese cuerpo extendido entre muchos otros, que ya solo podemos resistir la putrefacción mientras nos sepultan o nos queman.
El poder domina a los cuerpos muertos.

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