¡Sé que estamos siendo amenazados!
La tierra es muy fértil
y es necesario desangrarla,
para que extraiga, rinda y pague.
Ellos quieren venir,
otra vez,
con su Biblia,
con su mapa,
con su lengua.
Saquear y conquistar
es lo mismo.
Solo cambia el uniforme:
ahora manda la espada, el imperio
antes el contrato, la deuda.
Todo se acaba,
cada vez es más incierto.
¿Va a dejar de llover?
¿Todo se va a inundar?
¿Nos vamos a incendiar?
Las frutas ya vienen sin semillas.
La luz natural es privatizada.
Y los precios aumentan,
el hambre es una industria
y el miedo un impuesto.
No tengo trabajo,
y si me enfermo…
¿cómo poder ayudarme?
La plata es medida y temporal:
un permiso corto para existir,
un alquiler del cuerpo,
una tregua.
¿Qué voy a hacer?
No lo sé…
Pero al menos
no nos han bombardeado.
Pobres hermanos:
van a terminar
sin tierra, cultivos ni casas,
despellejados y amputados.
El cuerpo una cifra,
el dolor una noticia,
la sangre convertida en paisaje.
Recolectando muertos
cómo semillas carbonizadas.
El mundo está colapsando.
Porque lo que cambia
no es solo el clima:
es el tacto.
Es la idea que vivir
debería ser posible.
Pero…
en el parque frente a mi casa
todo está bien,
por ahora.
La rutina es igual:
los niños corren,
la gente pasea,
los pájaros ponen nido
los árboles siguen de pie.
y aun así...
Siempre soñé esto…
no tener que hacer algo,
solo nada.
Abrazar a mis perros,
como abrazo mi suspiro.
Comer lo necesario
sin culpa.
Leer y escribir
como quien guarda agua
en medio de un incendio.
Sueño, pienso, no soy funcional.
Soy libre con mis zapatos y la maleta.
Y aunque esté sola,
aunque el mundo se derrumbe,
caminar
caminar
caminar…
